Prohibición de los descartes y gestión ecosistémica, principales logros en la reforma de la futura Política Pesquera Común que entrará en vigor el próximo año.
En el año 2009, la Comisión Europea en el libro verde sobre la reforma de la Política Pesquera Común (PPC) hablaba de esta manera de lo que debía ser la futura PPC:
“no debe tratarse de otra reforma fragmentaria y gradual, sino de un «maremoto» cuyo alcance afecte a los factores fundamentales que se esconden detrás del círculo vicioso en el que ha permanecido atrapado el sector pesquero europeo en las últimas décadas".
La madrugada del pasado miércoles se sentaban, por fín y tras largos y árduos procesos de negociación, las bases de la nueva PPC que entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2014. No sé si se ha conseguido el ansiado maremoto, algunos opinan que no, y que las medidas acordadas continúan con la complacencia y parsimonia política de antaño respecto a la realidad de los caladeros comunitarios y mundiales. Sin embargo son varias las voces que muestran su contento tras un acuerdo en el que todos cedieron y ,esperemos, muchos ganemos.
Mientras el Parlamento Europeo y su presidencia Irlandesa adquirían una posición altamente conservacionista (a nivel ambiental y de recursos), varios Estados Miembros, como España o Francia, se oponían a muchas de las medidas propuestas y a su ejecución tajante, alegando el mal momento para todos y la amenaza de perdida de empleos. Argumento comodín muy utilizado en la actualidad. Pero la realidad es que 3/4 de los caladeros europeos están sobreexplotados e importamos un 40% del pescado que consumimos.
Para atacar esta situación, el gran caballo de batalla y más conflictivo en las negociaciones, ha sido la prohibición de los descartes.


