“Cuán inadecuado es llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano”

Frase atribuida a Arthur C. Clarke.

domingo, 5 de mayo de 2013

Dionisio y el pasado oculto de los delfines

Siempre me gustó la mitología, especialmente la clásica, esa forma de tratar de explicar lo desconocido a través de las desdichas o buenaventuras de Dioses y Héroes de maravillosos poderes. Estos fantásticos seres del pasado solían ser caprichosos y vanidosos. Les gustaba hacerse notar entre los mortales, y tanto podían utilizar sus habilidades para satisfacer sus deseos más mundanos, como para castigar a cualquiera que faltase a su honor, ya fuera queriendo o sin querer. Supongo que al no existir en aquellos tiempos la televisión, y siendo la capacidad de lectura una habilidad poco extendida, debían crear historias que, a la par de instructivas, amenizaran al personal. "Es como el salsa rosa, se lían todos con todos", definía con acierto un profesor de cultura clásica que tuve.


Dionisio, para los griegos, fue un Dios engendrado en una de las muchas  incursiones amorosas del todopoderoso Zeus entre las mortales, concretamente con una princesa Tebana llamada Sémele. Tras la infedelidad , Hera, la parienta del Zeus, y que acababa siempre descubriendo las infidelidades de su esposo, actuó como de costumbre yendo a castigar a la parte más débil. Ganándose la confianza de la princesa le hizo dudar de la verdadera divinidad del padre. Buscando apaciguar su dudas, Seléna pidió a Zeus que se mostrase ante ella en su verdadera forma. Pese a que el Dios se negó en un primer momento, la princesa insistió tanto, que este se apareció portando los rayos que le caracterizan. Tan mala suerte tuvo la pobre que uno de estos la alcanzó carbonizándola. Una lástima para la incrédula Sémele el no conocer el que siglos después sería el prolífico y sabio refranero español con frases como; "la curiosidad mató al gato", aunque seguramente el ejemplo de Pandora le quedase más a mano.


Tras el desafortunado incidente el Dios, decidió salvar la vida del nonato haciendo su muslo las veces de útero. Es por eso que Dionisio es conocido como el "dos veces nacido"

Tras abandonar la divina pierna de su padre, el nuevo Dios fue cuidado por la ninfas, que en cierto sentido eran lo más parecido a los servicios sociales de la época en cuanto al cuidado de hijos de los Dioses. Durante su infancia en los bosques descubrió los secretos de la naturaleza, pasando a conocer y dominar todas las técnicas para cultivar las tierras.

En una de sus internadas en el bosque, descubrió la vid y su fruto, del cual aprendió a extraer un estimulante brevaje. Cuando sus compañeros lo provaron, sintieron un apacible sentimiento de calor en sus cuerpos, comenzando todos ellos a reir y a bailar. Fue así como Dionisio vió que el vino, bebido con moderación, permitiría al hombre vivir una vida más feliz y sociable, al evadir al individuo de las penas y el dolor.


Pronto logró un amplio séquito y decidió emprender un viaje al rededor del mundo conocido para enseñar sus secretos a los mortales.
En uno de estos viajes, en que Dionisio se encontraba en las costas de Grecia, fue visto por unos piratas tirrenos que ante sus ricas ropas y belleza pensaron que este sería un príncipe, por el cual obtendrían una buena suma si lo vendían en Asía como esclavo. Así lo hicieron, obligaron al Dios a subir al barco y lo ataron al mástil principal. Pero tan pronto la nave se puso en marcha el cielo se oscureció y las ataduras que lo mantenían preso se aflojaron y cayeron en cubierta. El primero en darse cuenta fue el timonel, que trato de convencer al resto de la tripulación del error cometido, pidiendo llevar inmediatamente a puerto al joven que acaban de raptar. El resto de piratas sin prestar atención a las temerosas advertencias,  trataron volver a atar a Dionisio al mastil, desatando la furia del Dios.


Fue entonces cuando el barco, de popa a proa, se llenó de viñas y hiedra, una música de flautas comenzó a sonar de la nada haciendo enloquecer a la tripulación. En el centro de cubierta Dionisio asumió la forma de un león y junto a el apareció un gran oso, que de un zarpazo eliminó al capitán de los piratas. Los demás marineros, aterrorizados, saltaron por la cubierta, y mientras lo hacían, antes de tocar el agua, se trasformaron en delfines. El único en salvarse fue el cauto timonel.

Sería bonito pensar que es por esto que, sin saberlo, delfin y humanos tengamos ese vínculo especial que parece que nos une, "Flipper" no haría más que reforzar esa afinidad en el imaginario colectivo. Numerosas son las leyendas de marineros en las que este animal salva la vida de algún naufrago, quizá en acto de reminiscencia de lo que fueron en realidad en un lejano pasado.

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