El pasado 22 de mayo las Naciones Unidas dedicaba el día de la biodiversidad a la biodiversidad marina. Tal día como hoy, en 1994 entraba en vigor, impulsada por Canadá la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley para los Océanos, hija de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar(1982). Debido a esto la ONU marcaba el 8 de junio como día mundial de los Océanos.

Son muchos, sabidos o intuidos por todos, los beneficios y recursos que el mar aporta al ser humano, pero aún así, sigue siendo un elemento extraño y desconocido, al que solemos dar la espalda. No nos preocupa aquello que no conocemos y por lo tanto, citando al prolífico y siempre a mano refranero español, "ojos que no ven, corazón que no siente".
En 2002 se llegó al acuerdo en el Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas que, para 2020 el 10% de los océanos debía estar bajo alguna figura de protección, a día de hoy escasamente el 1% está protegido a nivel mundial, y en Europa rondamos el 3%.
El próximo 14 de junio comenzará en Río de Janeiro una nueva cumbre mundial de la tierra, 20 años después de aquel hito de Río 1992. Como siempre las expectativas son muy altas y se mira con recelo la sobresaturación de las agendas políticas de los países, que quizá tienen la vista más centrada en el siguiente paso que darán en este contexto global lleno de equilibrismos, en vez de alzar la mirada para ver como se presupone que será la senda en años futuros y cual será el mejor camino a seguir. Aún así, y pese a que en ocasiones no se llegue a grandes acuerdos, estas cumbres parecen necesarias.
En relación a los párrafos anteriores, realizaré un poco de campaña, y os propongo votar las propuestas que queráis que se traten en Rio +20. Con espíritu caciquil os animo a que pincheis en "oceans" y voteis por "Promote the creation of Marine Protected Areas designed and co-managed by artisanal fishers as a suitable tool to ensure marine governance and the sustainability of fisheries resources worldwide".
Como bien sabrán muchos, especialmente los juristas, las palabras tienen un gran poder en las declaraciones y textos jurídicos. La aparición de palabras como "co-gestión" o "pesca artesanal" en los futuros textos internacionales que puedan salir de esta convención, tendrán repercusiones locales y serán respaldo necesario de aquellas buenas prácticas que ya se están realizando o se realizarán.
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